Gracias

“Conmemoramos esta Acción de Gracias en momentos de grandes tribulaciones como país… Nuestra esperanza está en la certeza de ese nuevo amanecer para Puerto Rico”

"Yo no hago el pavo con relleno. Le meto tocineta por dentro", dijo la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz. (Archivo / GFR Media)
En la tradición cristiana, el dar gracias es una acción de encontrar paz. La acción de gracias es una unión de respeto hacia las bendiciones recibidas.

Hoy muchos aprovecharán para hacer una pausa de la labor e intensidad del día a día y darán gracias. Miles de familias, amistades y comunidades compartirán y partirán pan en la misma mesa. Es un momento también de reflexión sobre lo que disfrutamos, por la salud, la unidad familiar, y la oportunidad de compartir con seres queridos.

Conmemoramos esta Acción de Gracias en momentos de grandes tribulaciones como país. Enfrentamos muchos retos y obstáculos como pueblo, pero la noche siempre es más oscura justo antes del amanecer. Nuestra esperanza está en la certeza de ese nuevo amanecer para Puerto Rico.

Para enfrentar esos retos, el momento debe llevarnos a ser solidarios con aquellos que no gozan de salud, que perdieron un ser querido, aquellos cuyos familiares migraron, de tener empatía con los que hoy sufren en carne propia el colapso económico y gubernamental y viven en la inequidad.

Hoy es un día para reiterar, como enseña la máxima cristiana, que hay que amar al prójimo como a uno mismo. El éxito de una sociedad que aspira a progresar es que cada individuo reconozca que su responsabilidad cívica es elevar a aquellos que están rezagados y desventajados.

Para el que dice ser “realista” es fácil conformarse con todo. Para el que se considera un “soñador” le resulta fácil confrontar nada. Si aspiramos a transformaciones que eleven nuestra sociedad y alcancemos el Puerto Rico que merecemos -derrotando la injusticia y la inequidad- debemos aceptar poco y cuestionar todo con una mentalidad informada.

Un primer paso para enfrentar las desigualdades que aquejan a muchos de nuestros compatriotas es comprender mejor la profundidad de los dilemas sin resolver y aquellos problemas que no reconocemos.

Hoy es un día de celebración y también de solidaridad con el prójimo en nuestro contexto del desarrollo de nuestra sociedad. Puerto Rico ha demostrado su desprendimiento en los momentos de mayor dificultad. Basta recordar la respuesta de nuestro pueblo cuando los fenómenos naturales del huracán María y los temblores en la zona sur. El país se volcó en generosidad y entrega para rescatarnos nosotros mismos, ante la desmovilización del gobierno.

Incluso, en el momento más crítico de la pandemia, supimos ser solidarios y protegernos los unos a los otros. Ajustamos nuestras costumbres sociales y seguimos los consejos de los salubristas. Aunque en ese momento, también fuimos víctimas de los que vieron la oportunidad para enriquecerse con la compra de pruebas fatulas, el país siguió hacia adelante y se protegió a sí mismo.

El Síndrome de la Torre de Babel es cuando se escucha lo que el otro dice y creer que yo sé lo que piensa, padece y va a decir. Es la negación de la empatía y la solidaridad.

El haber pasado por la separación a causa del COVID-19 no mostró cuán interdependientes somos: todos estamos vinculados. Vivimos en la misma sociedad y nos debemos a cada uno de sus componentes. Vivimos en la misma casa, que es Puerto Rico, y debemos ser conscientes del dolor y la necesidad ajena.

Hoy tengo muchas razones para dar Gracias. Pero en este espacio quiero dar Gracias por ser parte de un pueblo noble, un pueblo digno. Por ser parte de un pueblo que no se rinde ni se amilana ante la adversidad. Si bien es cierto que nos ha tocado enfrentar momentos muy difíciles, eso hará de nuestra redención una más gloriosa. Por eso, doy gracias.