Jóvenes, ahora sus preguntas…

De mis experiencias he aprendido algunas cosas que me gusta compartir cuando hablo ante grupos de estudiantes.

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Archivo (Jorge A Ramirez Portela)

Recientemente, algunas figuras del Partido Nuevo Progresista han criticado las múltiples invitaciones que he recibido para visitar escuelas y universidades públicas y privadas. Dijeron que voy a “adoctrinar” a estudiantes y desean imponer una nueva Ley de Mordaza e impedirles a los estudiantes acceso a nuevas experiencias.

De mis tareas, hablar con los jóvenes me llena plenamente. ¿Qué les digo a los estudiantes?

Mi mamá fue empleada pública en el Hospital Regional de Caguas y luego farmacéutica en una farmacia de comunidad. Mi papá fue un pequeño comerciante. En casa no había lujos, pero nunca faltó lo necesario: amor, educación y sobre todo, la idea solidaria de no creernos que éramos más que otras personas, pero jamás aceptar que éramos menos. Así crecimos mi hermano, mis dos hermanas y yo.

No fui un estudiante sobresaliente, en intermedia y superior era un estudiante promedio. Aprendí con la vida que hay cosas que están bajo tu control, pero también te enfrentas a circunstancias inesperadas y te definen. Un título o un diploma, no define a los seres humanos. Son las experiencias las que imprimen carácter y nos dan herramientas. La muerte trágica de mi mejor amigo en el primer año universitario; el encierro en la cárcel por desobediencia civil en Vieques; el diagnóstico de cáncer de mi hijo Gabriel; la amenaza de destitución contra mi esposa como empleada de gobierno por ser mi esposa, son algunas de las experiencias que me definen. Cada ser humano tiene las suyas, que son únicas y le definen como individuo. De mis experiencias he aprendido algunas cosas que me gusta compartir cuando hablo ante grupos de estudiantes.

Lo primero es establecerse un objetivo definido. Pueden ser objetivos inmediatos como pasar un examen, pertenecer a una organización escolar o comunitaria o ser miembro de un equipo deportivo. Pero uno debe establecerse un objetivo.

Lo segundo es que una vez se defina ese objetivo, dedicar toda la disciplina y voluntad para alcanzarlo. Las cosas en la vida no son dadas. Vale la pena alcanzar tus objetivos por mérito propio. Ello requiere levantarse más temprano y acostarse más tarde. Eso significa tener dedicación.

Lo tercero, y esto es importante, es que vas a fracasar. Es parte de la vida. Lo determinante es que un fracaso pasajero no se convierta en una derrota permanente. Uno cae, se levanta, sacude el polvo del cuerpo, y sigue con la lección aprendida para enfrentar retos futuros. Un fracaso momentáneo no debe desmovilizarte ni apartarte del objetivo trazado.

Lo cuarto es que lo que se haga, se haga con amor. La carga de la faena trazada no debe desfigurar el rostro de amargura. Se puede hacer lo que se ama con una sonrisa en los labios. No me refiero a una sonrisa complaciente. Me refiero a la que se produce por la satisfacción de que a lo que uno dedica sus fuerzas, llena el espíritu.

Lo quinto es que, en la vida, todos llevamos una mochila imaginaria que se va llenando de instrumentos y herramientas con las distintas experiencias de vida. Son esas herramientas las que permiten enfrentar los retos por delante. En esa mochila siempre deben mantener un instrumento indispensable: una brújula moral. Esa brújula no se obtiene intelectualmente. Es un fuego interior que debe guiar tus decisiones. En el camino de la vida hay tentaciones y esa brújula moral es la garantía de que no te ocurra como al poeta: “en medio de mi vida me encontré perdido en una selva oscura por haberme apartado del camino recto”. Hay personas inteligentes y talentosas que por perder esa brújula moral terminaron en vergüenza y desgracia ante su familia, su comunidad y el país en general.

A esas cinco reflexiones que comparto con los jóvenes que visito, añado algo importante: el principal deber de cada ser humano es pensar por sí mismo. Echar a un lado prejuicios que se heredan y tener mente amplia ante lo que se aprende diariamente.

El hecho de que yo siendo figura pública visite su centro educativo, no significa que deben pensar como yo. Lo que aspiro es a que cada estudiante forme su propio criterio, sus propias conclusiones, utilizando las herramientas de la educación y sus experiencias de vida. Jóvenes, ahora sus preguntas…