Mensaje de Estado simulado

“El gran ausente del mensaje fue un modelo de desarrollo económico robusto autosostenible”.

Pedro Pierluisi durante el Mensaje de Estado.
Pedro Pierluisi durante el Mensaje de Estado. (Xavier J. Araujo)

La apariencia se opone a la realidad. En la literatura la apariencia se refiere a la simulación. Es el modelo de representar contextos ficticios como realidad. En la percepción visual se le conoce como ilusiones ópticas. Lo falso es lo que el cerebro ve, pero no existe. En la filosofía se considera un conjunto de disquisiciones inútiles, alejado de los intereses vitales y cotidianos.

El pasado martes, el gobernador ofreció su segundo Mensaje de Estado, según manda la Constitución. Fue un Mensaje de Estado simulado, salpicado de falsificaciones y graves omisiones.

En primer lugar, hay que colocar el mensaje en su justo contexto. Un Mensaje de Estado es el mapa de ruta que presenta un primer mandatario sobre retos actuales y cómo enfrentarlos en la ejecución gubernamental. El elefante en la sala que el gobernador ignoró, pero que todo el mundo ve, tiene nombre: la Junta de Control Fiscal.

No existe acción de Gobierno que se pueda realizar en términos presupuestarios sin la autorización de la Junta. Un ejemplo reciente de esto es el anuncio del gobernador de utilizar fondos del gobierno para ofrecer un alivio en el precio de la gasolina. La propuesta, que hace justicia económica a los consumidores en momentos de estrechez económica, fue rechazada por la Junta y “sanseacabó”.

Ese es el contexto del mensaje. Ahora examinemos su contenido.

En su mensaje, el gobernador decretó “el fin de la quiebra.” La realidad es otra. El Premio Nobel en economía Joseph Stiglitz advirtió, como lo han hecho reiteradamente prestigiosos economistas puertorriqueños, que el Plan de Ajuste de la Deuda (PAD) “debilitará para siempre la economía de Puerto Rico” y nos coloca en camino a una segunda quiebra.

Ese PAD, aprobado por los legisladores populares y penepés, fue catalogado en el mensaje como un “logro”. Lo que no mencionó el gobernador fue el pago de diez mil millones de dólares para los bonistas. Obvió además, que en términos del presupuesto para servicios esenciales se restan más de mil millones ciento cincuenta mil dólares para el pago anual a los bonistas buitres.

El gobernador omitió en su mensaje cómo el PAD empobrece a los más dedicados servidores públicos. En la celebración de “logro” sobre la aprobación del PAD obvió las terribles consecuencias para los miles de maestras y maestros que han visto su vejez comprometida, condenados a la pobreza, por las imposiciones de la Junta. Maestras que tenían la expectativa de $1,600, recibirán una tercera parte de eso. ¿Es acaso un “logro” que una persona retirada reciba $533 de pensión?

El gran ausente del mensaje fue un modelo de desarrollo económico robusto autosostenible. En lugar de presentar un plan de competitividad y crecimiento económico, el gobernador destacó la transferencia de fondos federales no recurrentes. Es decir, fondos que expiran. La asignación de esos fondos no es un logro del gobernador, son el cumplimiento de la responsabilidad de la potencia administradora sobre emergencias de su territorio colonial, que está impedido de insertarse a una economía global.

En todo caso, esos fondos federales representan para algunos, como se le atribuye haber murmurado a un jefe de agencia de esta administración, “un tumbe”. Esa descripción es reveladora y retrata una cruda realidad.

En primer lugar, describe la oportunidad que esos fondos crea para que elementos inescrupulosos y corruptos se lucren, sin que los mismos se utilicen para el bienestar del pueblo. En segundo lugar, e igualmente repudiable, denota la actitud del Gobierno, cuya respuesta a la contracción económica es aumentar la dependencia.

La dependencia no es la base para un desarrollo económico sostenido. Como ha dicho el doctor en economía, Francisco Catalá: “La ayuda verdaderamente efectiva es la que se torna innecesaria.” En lugar de utilizar esos fondos para construir la zapata de un nuevo modelo de crecimiento económico propio, la visión del “tumbe” lleva al gobierno a condenar a perpetuidad al país a la pobreza.

Habiendo pasado el ritual proselitista del Mensaje de Estado, corresponde al país mirar más allá de la apariencia y las simulaciones. Podemos enfrentar la crisis efectivamente. Para eso es necesario entender la realidad de nuestra precariedad y dedicar la más resuelta voluntad para superarla efectivamente.