Puerto Rico no se merece el ridículo

“Que el equivalente a Martin Luther King, según erróneamente ven algunos estadistas el reclamo de “igualdad”, se reduzca a una cartulina dibujada con crayola, es una humillación”.

Juan Dalmau.
                                                                                                                              Juan Dalmau. (Primera Hora)
Se regresa de todo lugar, menos del ridículo.

La propuesta legislativa aprobada por la mayoría penepé, luego de ser desahuciados de la legislatura en las pasadas elecciones, fue una votación para que seis personas cobrando $90,000 al año y recibir $30,000 en reembolsos de gastos, fueran a cabildear por la estadidad. Esto requiere reflexión.

En el 2017, el entonces gobernador Ricardo Rosselló impulsó la creación de una Comisión de la Igualdad que fue aprobada por la mayoría legislativa del penepé. Yo voté en contra de ese proyecto por tratarse de una imposición unilateral del gobierno de turno y porque no constituía un proceso serio de descolonización. Era la falsa impresión de caminar sin dar un paso. Y así fue.

La Comisión se creó con un expelotero de grandes ligas, una empresaria, un exveterano y exgobernadores, entre otros. Al inicio se propuso que tuvieran remuneración, pero en ese momento eso representaba, como dije públicamente, “dinamita electoral”. Un país en quiebra, con una Junta de Control Fiscal ejerciendo poderes delegados por el Congreso por encima de los cuerpos políticos electos por los puertorriqueños, constituía una afrenta al país. Siendo senador denuncié el gasto de fondos públicos para esa faena y se enmendó el proyecto de ley para que no pagara el pueblo semejante iniciativa.

Luego de las elecciones del 2020 fue otro el cantar. Una vez el penepé fue ridiculizado en el Congreso por las gestiones de la Comisión de Igualdad, aprobaron un nuevo proyecto de ley. Se aprobó la Ley de los Delegados Congresionales o como comúnmente se les conoce, “los cabilderos de la estadidad”.

Al perder las elecciones legislativamente, el penepé dispuso que se haría una votación a un costo multimillonario para elegir unos “delegados” para impulsar la estadidad. Cada persona electa, con la participación de un 3% del electorado registrado, cobra $90,000 de fondos públicos, más $30,000 en reembolsos. Sus hazañas han sido cartulinas en las afueras del Congreso y llamadas sin contestar. Eso es un insulto a los estadistas.

Que el equivalente a Martin Luther King, según erróneamente ven algunos estadistas el reclamo de “igualdad”, se reduzca a una cartulina dibujada con crayola, es una humillación.

Se acabó el momento de los aguajes y genuflexiones. O vamos pa’lante con la descolonización o siguen dando vueltas a la noria para manipulación electoral. Mi propuesta es reafirmar nuestro derecho como pueblo latinoamericano a nuestra autodeterminación e independencia. Eso es lo que defiendo. Pero reconozco que el pueblo decida. Por lo cual es preciso promover un ejercicio de libre determinación entre las alternativas descolonizadoras acordadas con el Congreso y el Gobierno de Estados Unidos.

Concretamente, propongo la elección de una Asamblea para la Descolonización de Puerto Rico en representación de la soberanía puertorriqueña. Cada delegación a dicha Asamblea, en representación de la alternativa descolonizadora, negociará con el Congreso y el gobierno de EE.UU. su viabilidad, obligaciones y sus correspondientes periodos de transición. Las alternativas resultantes de estas negociaciones serán sometidas a votación al pueblo de Puerto Rico.

En el caso de la independencia, dará a Puerto Rico los poderes que son necesarios para constituir un país próspero, democrático y lograr mayor desarrollo. La relación entre Puerto Rico y Estados Unidos se regirá por un Tratado de Amistad y Cooperación que incluirá los términos de un proceso de transición económica a la independencia como el que ya fue aprobado por la Cámara de Representantes y por los comités pertinentes del Senado de Estados Unidos en los Congresos 101 y 102.

Es momento de dejar aguajes y cartulinas. Tenemos que dirigirnos a la democracia plena.