“Esta semana nos visitó otro rey, incapaz de notar su desnudez, pero todos vimos de manera transparente el propósito de su visita”

Rey Felipe VI.
                                                                                                                                  Rey Felipe VI. ([email protected])
Todos recordamos la historia del rey desnudo. Era un rey vanidoso, muy preocupado por su apariencia y vestimenta. Un día quiso que le hicieran un traje tan único, sedoso, de una tela que no podía ser vista por incapaces. Por supuesto, no había tal traje, sino que los sastres hacían que trabajaban en la ropa. La realidad era otra. El traje era inexistente.

Una vez culminada la túnica, los sastres hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile, sin admitir que era demasiado inepto como para poder verla.

Esta semana nos visitó otro rey, incapaz de notar su desnudez, pero todos vimos de manera transparente el propósito de su visita.

El rey Felipe VI llegó a Puerto Rico con una medalla honorífica en las maletas. La otorgación de una medalla condecorativa por parte del gobierno español al gobernador de Puerto Rico constituye una injerencia indebida por parte de un país sobre los asuntos políticos de otro pueblo. Particularmemte, viniendo de alguien que representa a un país que por 400 años nos tuvo subyugados y nos cedió como botín de guerra a los Estados Unidos.

En el caso de Puerto Rico, que se le ha impedido ejercer su derecho a la autodeterminación, es un insulto que comparezca el Rey de España como portavoz del gobierno español a otorgarle un premio o un honor a quienes reniegan de nuestra identidad, de nuestra nacionalidad y nuestro derecho inalienable a la libre determinación e independencia.

Cuando el rey Juan Carlos visitó Puerto Rico, otorgó la medalla al pueblo puertorriqueño por su defensa a la cultura y el idioma español. Este no fue el caso. La condecoración tenía otro propósito.

El Rey vino acompañado de un séquito de empresarios españoles que venían a un banquete de tiranos. Los empresarios vinieron con el apetito voraz de beneficiarse de un paraíso fiscal. Vienen para recibir exensiones contributivas y sacar capital del país, mientras desplazan al empresarismo y comerciantes locales. Gozan de privilegios que no tienen los comerciantes de aquí.

El Rey mismo dijo que venía acompañado de un grupo de empresarios que, favoreciéndose de las leyes como la Ley 22, se reunieron con funcionarios del gobierno de Puerto Rico para, como otros ricos extranjeros, disfrutar de los indignantes privilegios contributivos. De esos privilegios no disfrutan los que siguen excluidos o marginados, ni las comunidades y empresarios o pequeños y medianos comerciantes puertorriqueños.

Ha llegado el momento de que tengan que asumir su responsabilidad quienes en Puerto Rico reniegan de lo que somos como pueblo y reniegan de la idea que nosotros podemos levantarnos sobre nuestros propios pies para poder tener un desarrollo económico próspero, necesario, urgente y autosostenible.

El Partido Independentista Puertorriqueño anunció que la colectividad notificará a aquellas organizaciones internacionales de las cuales es miembro y tiene participación para denunciar la injerencia indebida e irresponsabilidad diplomática de parte del gobierno español con respecto a lo que es un derecho internacional reconocido de todos los pueblos a su autodeterminación e independencia.

Constituye un acto de hipocresía gubernamental de parte del gobierno español el que en un momento reconociera lo que ha sido la importancia de la cultura y la identidad del pueblo puertorriqueño, y ahora vengan a premiar a personas que reniegan de nuestra nacionalidad al sentirse un día puertorriqueño y al otro día americano. Todo esto, por parte de un gobierno español que ha negado el derecho del pueblo vasco y catalán a su libredeterminación. Ni siquiera reconocen el derecho a la expresión de esos pueblos.

La visita quedó retratada en toda la desnudez de un rey insensible al respeto de nuestro pueblo, nuestra nacionalidad y el derecho a tener control de un futuro de desarrollo económico necesario y balanceado.